Tesla Cybertruck: El arte de provocar

Tesla Cybertruck: El arte de provocar

“Esto es una joda, ¿no?”. Ese fue mi primer pensamiento –y creo que el de muchos– cuando las primeras imágenes del lanzamiento de la nueva Tesla Cybertruck se hicieron públicas. ¿Qué es esa caja de zapatos con ruedas y una pirámide arriba? (un prisma triangular, para ser más precisos). Mi primera reacción –también como la de muchos– fue canalizar el desconcierto a través de Twitter: “Juro que si veía algo así en una película de ciencia ficción muy mala, de esas que parecen medio un chiste, hubiera pensado que se quedaron sin presupuesto y le encargaron el diseño de los vehículos a un chapista amigo del director, que se daba maña con la soldadora.” Comentarios sarcásticos como el mío se multiplicaron de a miles a través las redes sociales, incluidos todo tipo de memes (algunos muy graciosos como el de Elon Musk caracterizado como Homero Simpson dibujando el auto como si tuviese 4 años). Y como si el estrafalario diseño del auto hubiese sido poco, a eso se sumó el fiasco de los vidrios (supuestamente) irrompibles del auto, que se rompieron durante la presentación. Toda la escena parecía tan ridícula que era dable pensar que en algún momento Elon Musk iba a terminar con la “farsa” y a presentar la “verdadera” camioneta –mucho más convencional por cierto–, rematando el show con una frase del estilo “¿vieron que no estaba tan fumado?”. Pero no: fue real. Tan real como que todo, pero absolutamente todo el mundo terminó hablando de Tesla desde ahí en adelante. Algunos dicen que no hay tal cosa llamada “mala publicidad”. Punto para Elon entonces.

Debo confesar que en MiuraMag no solemos hacer notas tan encima de los acontecimientos, como sí lo pueden hacer los sitios web o las revistas mensuales. Nosotros más bien nos tomamos nuestro tiempo para procesar y digerir los temas, por más que sean ensayos de opinión. Pero esta es una excepción porque, más allá del revuelo (léase “humo”) que suele armar Tesla en cada uno de sus rutilantes lanzamientos, lo cierto es que esta Cybertruck va mucho más allá de lo evidente y toca varias fibras sensibles en el mundo del auto, de esas que está bueno analizar, aunque sea un poco “en caliente”. Diseño, métodos de producción, comercialización, evolución del mercado, construcción de imagen de marca e incluso impacto social y cultural, son algunos de los tópicos que se ponen sobre el tapete con este nuevo producto que Tesla promete para 2021 o 2022. Si tal cosa se concreta, no será esta la última ocasión en la que escribamos sobre este auto. Así que empecemos por el principio.

Elon Musk (el CEO de Tesla) se quiso hacer el canchero demostrando que los vidrios de la Cybertruck son irrompibles. Puede fallar.

El diseño y sus razones

El Tesla Cybertruck fue presentado como un prototipo “casi igual a lo que será la versión de producción”. En esos términos, no recuerdo un auto tan disruptivo en los últimos 20 o 30 años. Tal vez más. Es tan distinto a todo lo que habíamos visto hasta ahora que parece –literalmente– venido de otro planeta… o del futuro. Pero al mismo tiempo, las formas trapezoidales tan simples, sin una sola curva, dan la sensación de que hasta un niño de 5 años podría haberlo diseñado solo usando una regla. Es el concepto del origami design, el famoso “diseño de papel doblado” que inmortalizaron genios como Marcello Gandini y Giorgetto Giugiaro en los ’70, pero llevado al paroxismo. Y tal es la ruptura que se produce respecto de las formas contemporáneas, que surge la necesidad imperiosa referenciar el vehículo con cosas ya vistas en el pasado. Lo primero que me vino a la mente fue el United Nude Lo Res Car, un experimento conceptual llevado adelante por una empresa de moda vanguardista. También se me apareció el Citroën Karin, un concept muy geométrico de 1980, inspirado a su vez en el Bertone Stratos Zero y otros concepts con forma de cuña diseñados por Gandini en los ‘70. La terminación de acero inoxidable, sin una gota de pintura, también trae a la mente el legendario DeLorean, inmortalizado por la película Volver al Futuro. Pero lo cierto es que todos los modelos mencionados, incluso el DeLorean, tenían un aire de refinamiento formal y conceptual, del cual la Cybertruck carece completamente. Al menos a primera vista. Por su parte, Elon Musk dijo en la presentación que algo de la “inspiración” para el diseño de la ciber-camioneta vino del auto policía de la película de ciencia ficción Blade Runner (de 1982).

Más allá de todas esas referencias e “inspiraciones”, las formas de la Cybertruck no son tan caprichosas como parecen, más bien todo lo contrario. Lo que le da explicación a los paneles totalmente planos y a esas aristas tan vivas es el material elegido para darle forma a la carrocería. Pasa que Musk decidió que el auto tenía que ser fabricado con lamisma chapa que los cohetes espaciales de su (otra) empresa SpaceX. Se trata de una aleación especial de acero con cobalto, denominado técnicamente “301”, que viene en láminas 3 mm de grosor. El material tiene una altísima durabilidad y es totalmente resistente a la corrosión, el problema es que –por su grosor y dureza– es prácticamente imposible de estampar con las formas a las que estamos habituados en los autos modernos (como referencia, el espesor de la chapa de un auto común no supera los 0,6 mm, es decir, 5 veces menos). La única forma de generar una carrocería con esa chapa es plegándola. Esa es justamente la razón por la cual los vehículos blindados, que utilizan materiales similares o aún más gruesos, también tienen paneles planos y ausencia casi total de superficies redondeadas.

Tesla declara que los costos de fabricar un vehículo así son considerablemente menores a los tradicionales, ya que no se requieren grandes prensas ni costosa matricería. Lo que no termina de quedar claro es si la intención era simplemente bajar costos de producción o si la idea era hacer un vehículo blindado y ese método de fabricación era el único posible. Lo cierto es una vez teniendo en cuenta todo esto, el resultado de las formas de la Cybertruck cobra verdadero sentido. Sería un caso de “forma determinada por la producción”, en lugar del clásico paradigma de “forma determinada por la función” a la que estamos más acostumbrados en el mundo del diseño.

En términos funcionales, ya que estamos, la Cybertruck puede transportar 6 pasajeros en dos filas de asientos, tiene una caja de 2 metros de largo (totalmente plana) cubierta por un toldo retráctil. Las innovaciones pasan por una tapa de la caja incluye una rampa desplegable y una suspensión activa que permite inclinar longitudinalmente la camioneta para facilitar el acceso a la carga.

Donde hay algunos “problemitas” para resolver es en materia de seguridad. Todos los países donde la Cybertruck podría venderse, empezando por los Estados Unidos, tienen estrictas regulaciones en cuanto a la deformación programada de la carrocería (para “amortiguar” impactos con vehículos u otros elementos) y la protección de peatones, en el caso de atropellamiento. Gran parte de las formas de los autos actuales responde a cumplir con esos requerimientos, y eso determina en buena medida que los autos contemporáneos sean tan parecidos entre sí. Cómo la Cybertruck va a cumplir con esas normas con una carrocería prácticamente indeformable y esas aristas que cortarían en dos a cualquier desafortunado que se cruce en su camino, es todavía una incógnita. “Fake it ‘till you make it” es una expresión muy popular en el ambiente de las compañías de tecnología de Silicon Valley; sería algo así como “mentí hasta que lo puedas resolver”. Si aún no lo tiene resuelto, Tesla tiene unos 2 años para hacerlo, ya sea cambiando el diseño del auto, con alguna nueva tecnología o bien haciendo lobby para que cambien las regulaciones.

El otro “temita” controversial en el diseño de la Cybertruck es el peso. Es más que sabido que el peso –junto con la resistencia aerodinámica– son los principales enemigos de la eficiencia en el consumo energético de un vehículo. Las marcas tradicionales se desviven por recortar kilaje a sus productos, y cada vez que lo logran lo anuncian con bombos y platillos. Tesla no se tomó la molestia de dar números, pero se estima que la Cybertruck pesa no menos de 4 toneladas, entre su enorme tamaño, las baterías y la gruesísima chapa que le da forma (solo cada puerta pesa unos 60 kg). Una verdadera animalada, que solo se compensa en términos de alcance con baterías más grandes (y por ende más peso), y en términos de prestaciones con el agregado de más motores eléctricos (puede llegar a tener 3 en la versión más potente). Toda la filosofía del producto parece ser agregar más y más: peso, baterías, motores, potencia. De eficiencia, ni hablar.

La Tesla Cybertuck comparada con la Ford F150, el producto al que Tesla intentará “desbancar” como referencia entre las pickups estadounidenses. Sí, la Tesla parece venida de otra galaxia… ¿será demasiado?

El marketing de los números extraordinarios

Entre las tantas cosas con las que Tesla revolucionó la industria automotriz está la forma de hacer marketing con los números. Primero, los de performance. En el caso de la Cybertruck, se estima (para la versión tope de gama) una potencia de más de 800 CV, un torque de hasta 1400 Nm y una aceleración de 0 a 100 Km/h en 2,9 segundos. Por qué alguien quisiera acelerar una camioneta como si fuese un Lamborghini Aventador es materia de discusión, pero lo cierto es que los fanáticos de la marca se vuelven locos con esas cifras, y para el resto de los mortales se consolida una imagen de productor de vehículos extraordinarios.

Otro rubro que Tesla maneja muy bien en términos de marketing es la preventa. En 2016 revolucionó el mercado automotor logrando que 325.000 personas paguen una reserva de 1.000 dólares por un Model 3, que se anunciaba con un precio de lista de 30.000 dólares. Finalmente, los autos empezaron a rodar bastante más tarde de lo previsto y a un precio mucho más alto del prometido (a un promedio de 45.000 dólares). Pero el impacto inicial se consumó a la perfección y sentó un precedente digno de ser repetido.

Al cierre de esta edición, luego de un par de semanas online, la cantidad de reservas de la Cybertruck ascendían a 250.000 (leyó bien). Pero con una pequeña diferencia: solo hay que depositar 100 dólares para ser (pre)propietario de una megacamioneta eléctrica cuyo precio de lista va desde los 39.900 a los 76.900 dólares en su versión más poderosa con paquete de manejo autónomo. Sin restarle mérito al número de preventas, mi teoría es que hubo mucha gente dispuesta a pagar esos (¿módicos?) 100 dólares solo para ser parte de la experiencia, o simplemente para apoyar a la empresa de sus amores, aún sin la certeza cierta de alguna vez llegar a realmente poseer un vehículo como este. En definitiva, solo cuesta 100 dólares sentirse propietario durante un par de años del auto más espectacular del mercado. Cuando llegue el momento de pagar los 39.800 dólares restantes (o los 76.800 si se ordenó la más cara), será otro cantar.

Por otra parte, los 25 millones de dólares que Tesla recaudó en la preventa no parecen ser un reaseguro muy grande acerca que la camioneta realmente se vaya a fabricar, justamente porque es un monto relativamente fácil de reembolsar. ¿Y por qué pongo en duda que “realmente” se vaya a fabricar? Bueno, hay mucha información preocupante sobre Tesla, que no circula con tanta asiduidad por los medios como estos mega lanzamientos. De hecho, una de las teorías es que estos grandes anuncios de Elon Musk (con gaffes incluidos) son una cortina de humo para tapar los verdaderos problemas que viene enfrentando la empresa.

Problemas por aquí, problemas por allá

Crisis con la producción a gran escala (un infierno productivo, según palabras del mismo Elon Musk); calidad de los productos que no alcanza los estándares previstos; dificultad para cumplir las promesas con los precios; algunos accidentes con el sistema Autopilot de manejo autónomo; denuncias por impedir que sus empleados se sindicalicen, creciente desconfianza de los inversores de Wall Street (incluso hay varias investigaciones por fraude en el manejo de información sobre acciones), son algunos de los problemas con los que tiene que lidiar una empresa que parece acostumbrada a salir de los mismos “huyendo hacia adelante”. El más reciente, y que tiene altas chances de escalar a la categoría “grave”, son las sistemáticas violaciones de la planta de Freemont a las normativas de aire puro impuestas por el estado de California. A esto se suma una denuncia por intimidación a un ex-empleado que colaboró con la investigación. La respuesta de Elon Musk a todos estos problemas, por supuesto, es el típico argumento de la “conspiración en su contra”. Lo cierto es que cuando las papas queman, siempre aparece un nuevo producto que promete “cambiarlo todo para siempre”.

Nadie discute la audacia –y por qué no, la genialidad– de Elon para derribar barreras preestablecidas y hacer avanzar la tecnología de maneras nunca antes vistas. Pero es uno de esos “genios” que siempre arrastra aspectos oscuros en sus acciones y comportamientos. Esta nueva creación suya no podría ser un mejor ejemplo.

Conclusión: los claroscuros de la Cybertruck

Marche un cierre de nota a pura opinión personal. Reitero que mi primera reacción ante la Cybertruck fue de cercana a la indignación, sobre todo por lo rústico e infantil del diseño, y por la sensación de cortina de humo que siempre me queda cada vez que Musk hace algo grandilocuente. Pero con el correr de los días empecé a ver las cosas con otra perspectiva, más objetiva espero, como para poder apreciar los claroscuros de un producto que va a seguir dando mucho que hablar.

Empiezo por lo que más me molesta: el nefasto mensaje de futuro que propone. ¿No era Tesla la empresa que proponía un mundo mejor, más humano, más ecológico, y con acceso a la tecnología para todes? Con la Cybertruck, el velo tecno-optimista parece haber caído para dejar lugar al cinismo: “no vamos a usar nuestra tecnología para que el mundo sea más amigable, pero sí te vamos a dar una pickup a prueba de balas, con una apariencia intimidante para que todos se aparten de tu camino, y que además podrá dejar atrás a un Porsche 911 en un semáforo, incluso mientras llevás tu cuatriciclo en la caja de carga”. En una época en la que urge que el impacto negativo del automóvil en nuestras vidas empiece a ser revisado, la arrogancia de la Cybertruck me hace pensar en un producto anti-humanista.

No tengo la certeza de que el auto llegue a producción, tampoco si en caso de hacerlo será igual o parecido al prototipo que ya mostraron, y menos aún si realmente tendrá éxito en el mercado o (más importante) si será rentable. Entiendo perfecto la idea de Musk de atacar un segmento que solo en los Estados Unidos mueve casi 5 millones de patentamientos anuales (solo la Ford F150 vendió en 2018 ¡900.000! unidades). Lo que me parece muy arriesgado es tratar de entrar a ese mercado de pickups con aspiraciones de masividad. Habrá que ver si los verdaderos consumidores de pickups en EE.UU. –que no son los típicos compradores o fans de Tesla– deciden cambiar sus adoradas F150, Silverado o RAM por este nuevo producto, más aun teniendo en cuenta de que para 2021/2022 seguramente ya habrá versiones eléctricas de esos modelos. Y con todo eso, si la Cybertruck logra explotar en ventas, la cantidad de problemas que Tesla deberá resolver para satisfacer una demanda de cientos de miles de unidades es formidable. Tal vez hubiese sido más razonable apuntar a un nicho más chico, mucho más rentable, de pickups premium de altísima performance. No me cuesta imaginar gente pagando más de $100.000 dólares por tener “la Lamborghini eléctrica de las pickups”. Pero pareciera que eso no fue suficiente para las ambiciones del bueno de Elon.

La Cybertruck en acción como vehículo ¿utilitario? Todo indica que el vehículo apunta más a la recreación que al trabajo, y por eso no es casual que la hayan mostrado cargando un ATV y no troncos o fardos de pastura.

Sobre el diseño, para finalizar, tengo varias cosas buenas para decir. La primera, que puede resultar contradictoria, es que me gusta un poco. No tanto como vehículo (me remito a lo dicho más arriba), sino desde un punto de vista estrictamente estético. Hay belleza en las formas simples y puras, y la Cybertruck, aún con la rusticidad en su ejecución, de alguna manera la rescata. Ante tanta parafernalia ornamental, exageradamente recargada de falsedades de los autos actuales, la apariencia geométrica de la camioneta de Tesla es… refrescante. Y, debo reconocerlo, luce futurista. Cualquier auto al lado de este vehículo –más allá de la dicotomía lindo/feo– luce automáticamente “viejo”. En ese sentido, creo que la Cybertruck cumple un papel positivo. Es la demostración de cuán estancado está el diseño actual, y también de que es posible (¡lo es!) proponer formas nuevas. Y si van por el lado de la simplicidad, mucho mejor.

Espero que el impacto de la Cybertruck se haga sentir. En el peor de los casos, no faltará el ejecutivo que, más por miedo a quedar atrás que otra cosa, ya le esté encargando a sus equipos de diseño “uno igual a ese que hizo Tesla, así de machote y anguloso”. En el mejor de los casos, habrá marcas que vean que es posible innovar con las formas, y le den vía más libre a la creatividad de los diseñadores, en lugar de condicionarlos exclusivamente a lo que dicen los focus groups.

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