Mucho más que simplemente «Autitos»

Mucho más que simplemente «Autitos»

Texto: Sergio Cutuli
Fotos: Julián Athos

 

Cuando tenía 4 o 5 años, “el” plan con mi mamá era tan simple como perfecto: ir “al centro”. Nos tomábamos el 59 o el 152 que nos dejaban cerca de nuestro destino final, la calle Florida, donde había dos cosas para compartir: un almuerzo en Pumper Nic y un paseo por Harrods.

A la hamburguesa con papas fritas le seguía una visita a esa tienda inglesa de película en la que tenía permitido elegir dos o tres Matchbox. ¡Qué difícil era decidirse! Pero como no todos tenían el mismo precio podía negociar la compra de algún otro más barato y así ampliar la colección.

De un tiempo a esta parte visitar un kiosco de diarios es como pasar por una juguetería. Esto se debe al fenómeno de las colecciones lanzadas por las editoriales y los dos principales periódicos del país. A quienes nos gustan los autos (en todas sus escalas) nos resulta inevitable no detener la marcha y mirar semejante despliegue, una verdadera tentación a la que sólo la frena una billetera flaca.

“Ese autito es uno de los que más se vendió”, nos dice Carlos al vernos contemplar la réplica del TC que Juan María Traverso corriera en 1995. Hace siete años que atiende la parada de diarios que está a metros de la estación Vicente López. A los canillitas como él las colecciones de autos les permitieron compensar –en parte– la caída de ventas de diarios y revistas, aunque tanta cantidad les jugó en contra.

“Al principio funcionaron bien, pero con el correr de los meses aumentaron de precio y se juntaron varias, son pocos los que pueden destinar $700 todas las semanas para esto”, reconoce Carlos; y agrega que de su clientela “sólo uno o dos me reservan los ejemplares, el resto lleva uno que otro”. Es por eso las reediciones de los primeros números a su precio original permitieron que algunos volvieran al kiosco a comprar.

¿Qué propició este fenómeno?

Un tipo de cambio favorable y la escala de un negocio que tiene como origen a China permitió que se reprodujeran miniaturas de casi todos los vehículos del mundo. Y precisamente estamos ante algo que ocurre no sólo en Argentina sino que se replica en muchos países. De hecho, en la región ya había comenzado algunos años antes, pero que en los kioscos nacionales se demoró por el cepo a las importaciones.

Hasta hace poco –más de dos años– las colecciones de autos fueron escasas y poco accesibles, además no llegaron en gran cantidad ni las temáticas fueron lo suficientemente atractivas. Eso sí, la calidad de los vehículos fue igual o incluso mejor que las de las colecciones actuales.

De la mano de Altaya o Planeta DeAgostini, a mediados de los 2000 llegaron colecciones en cantidades limitadas como “Taxis del mundo”, “Rally Collection”, “100 años de sport automóvil” o “Colección Porsche” que, tiempo después, fue posible encontrarlas en librerías de saldos a precios muy rebajados.

La “fiebre”

En agosto de 2016 se desató en nuestro país la “fiebre die cast”. ¿Quién la inició? La española Salvat, reconocida en los años 80 por sus enciclopedias y que al igual que el resto de la industria editorial está inmersa en un proceso de reconversión, donde los fascículos parecen ser la excusa y las miniaturas lo importante, aunque se afirme lo contrario.

¿Cuál fue la clave del éxito? Salvat supo tocar la fibra de la nostalgia. Lanzó la colección “Autos inolvidables argentinos” que originalmente se anunció con 40 entregas cada dos semanas. Comenzó con una tirada de más de 50 mil ejemplares del Ford Falcon de 1962, siguió con el Peugeot 504 y apeló al nacionalismo más profundo con el número tres: el IKA Torino 380-W.

Le siguieron otros seis clásicos de las rutas nacionales en las primeras diez entregas: Fiat 600 D; Chevrolet 400; Citroën 3CV; IKA Estanciera; Renault 12; Dodge 1500 y Fiat 1500. Verlos en los kioscos significó un viaje a la infancia para miles de argentinos, el disparador de anécdotas y emociones de un país que ya no es.

Fue tal la revolución que se llegó a hablar de un “mercado negro” o “paralelo” porque los autitos no llegaban a los kioscos que ya se los ofrecía en Mercado Libre al triple de su precio de tapa. Esto obligó la intervención del sindicato de canillitas y a un relanzamiento de la colección en enero de 2017 que saturó los kioscos y desalentó el negocio de la re-venta.

El suceso de Salvat fue creciendo y no sólo obligó a comunicar la ampliación a 60 entregas en marzo de 2018, a 80 en marzo de 2019 y a 100 en julio último, sino que dio lugar a dos nuevas colecciones dentro de la editorial, y a que se replicara el fenómeno en otras competidoras.

Así surgieron “Vehículos inolvidables de reparto y servicio” y “Autos inolvidables argentinos años 80/90” de la propia Salvat, y la colección “Museo Fangio” de La Nación, por citar un ejemplo exitoso. Porque claramente no todo lo que llega a los kioscos se vende, tal el caso de los “Autos Deportivos de leyenda” de Clarín, con miniaturas de dudosa calidad y modelos que cautivaron a pocos.

La apuesta de Planeta DeAgostini también fue osada con la edición de “Los mejores autos de Turismo Carretera”, saldando una deuda histórica con los aficionados a la categoría más importante del automovilismo nacional, y apuntando a un target etario más alto.

La superposición mata

La sobreabundancia de colecciones no fue positiva. Y encima se sumó el factor inflación, luego de una devaluación al cierre del primer cuatrimestre de 2018 que hizo recalcular los precios de las salidas y puso en jaque las finanzas de los coleccionistas.

La primera víctima fue la maqueta del Renault 12 que interrumpió su venta y dejó a un centenar de hobbistas con apenas un cuarto de sus autos en proceso de armado; afortunadamente un distribuidor se hizo cargo para satisfacer la demanda de los interesados.

Otra que se vio interrumpida fue la de James Bond que había sido anunciada a 40 entregas y La Nación decidió cortarla en 25; los fanáticos de la saga de 007 se las deben ingeniar ahora para importar los modelos faltantes desde otros países. Algo similar sucedió con la colección de modelos VW, la cual había sido pautada a 60 entregas (tal como se lanzó hace tiempo en México) pero tres meses después se redujo a apenas 12.

Distinto fue el caso de “Taxis del mundo”, que llegó a los kioscos con promesa de 30 entregas y se extendió a 35, y de la saga “Rápido y Furioso” que se amplió de 41 a 45.

También se dio el caso de algunas editoriales que, sin presupuesto para hacer publicidad, aprovecharon colecciones ya existentes en otros mercados y se plegaron a la movida; así lo hicieron Atlas Editions con unos buses europeos que salieron originalmente en Inglaterra, y Grijalbo que desempolvó el remanente de una vieja colección brasileña de modelos Chevrolet.

Tres estadios del desarrollo de un modelo a escala. Arriba: modelado en 3D de un Andino GT. Medio: modelo-matriz de un Renault 4 Furgoneta. Abajo: despiece de un Fiat Uno.

Cómo se arma una colección exitosa

Gustavo Piersanti es –en este orden– amante de los autos, arquitecto, coleccionista die cast y conductor del programa “Escala Clásica” que se emite por El Garage TV. Cuando “Autos inolvidables argentinos” ya tenía definidos sus primeros nueve números, pero el Falcon aún no había llegado a los kioscos, recibió el llamado de Salvat para que les hiciera una devolución.

Le enviaron por mail las fotos de las primeras miniaturas y su ojo crítico ahondó en defectos que alertaron a la editorial, la cual decidió convocarlo como consultor. “Encontré una serie de defectos, por ejemplo el Torino no salió de fábrica con espejos retrovisores, o los que les habían puesto a la Estanciera no eran los originales”, nos cuenta.

Su aporte resultó fundamental para delinear la verdadera identidad argentina de una colección que pasó de reunir una serie de autos que anduvieron por las calles de nuestro país a repasar la historia de la industria automotriz local. “La lista de los primeros 60 ejemplares estaba pre-armada, de ahí en adelante es mía. Hice algunos cambios en el listado pero no pude sacar el Escarabajo, un modelo que nunca se fabricó en Argentina y que la editorial de todos modos quiso incluir; ya que eso no se podía modificar al menos logré que se incluyera la versión brasileña que fue la que vimos por acá”, apunta.

Las ventas superaron las expectativas y con el correr de los meses Piersanti también asumió la responsabilidad de las otras dos colecciones que se lanzaron como complemento en mayo de 2018: “Vehículos inolvidables de reparto y servicio” (como la que había salido en Brasil en 2015 y como la que saldrá en breve en España) y en febrero de 2019: “Autos inolvidables argentinos años 80/90”.

Los listados completos de las entregas se mantienen en secreto, lo único que se puede saber es que se buscó cubrir el universo de marcas, alternando en las salidas tipos de carrocería y épocas, con una premisa inamovible: que no sean modelos demasiado viejos sino que la gente alguna vez los haya visto.

“Muchos chicos preguntan si el IAVA es un auto tuneado o no saben lo que es un Dinarg, por eso es importante el trabajo que hay en cada fascículo porque se cuenta la historia y se homenajea a la industria”, enfatiza Piersanti. “En lo personal –agrega con emoción– me di el gusto de incluir la IES Gringa, creada por Eduardo Sal Lari, el Arena de Gustavo Fosco y Guillermo Portaluppi, y el Antique Eniak de Pedro Campo y Alain Baudena”.

¿Otro “toque” argentino? Se incluyeron todos los tipos de patentes que hubo en el país, por ejemplo las provinciales, las diplomáticas, de concesionarios y del poder judicial.
“La idea es que todos se sientan representados, por eso en los de reparto incluimos taxis o empresas del interior. Hubo marcas que se negaron a ceder su imagen y alguna otra que cuando la llamamos dijo que no y luego se arrepintió. O está el caso de una empresa de Mar del Plata que al ver la miniatura de su camioneta compró varias para regalar a sus clientes”, aporta.

Una pasión sin límites

Los coleccionistas argentinos pasaron de felicitar y agradecer tener al alcance modelos nunca antes editados a reclamar por marcas, modelos y versiones, y exigir cambios o mejoras de calidad. “La relación precio-calidad es excelente. Hubiera sido ideal hacer el escaneado 3D de todos los modelos pero no se pudo por costos y tiempos”, lamenta Piersanti.

Siete meses demora el proceso de un modelo desde que se lo elige hasta que está listo en el empaque. En el medio se consultan planos originales, se revisan fotos, se hace el modelo en computadora y luego el moldeado que dará forma a las diferentes matrices que componen cada miniatura. El trabajo es 100% argentino, aunque el auto se fabrica en China y se junta con su fascículo que se imprime en España pero se redacta y fotografía en Argentina.

“La gente se ha puesto exigente pero desconoce las instancias que conllevan este desarrollo y muchos piensan que se usan las mismas matrices en diferentes colecciones y no es así, hay muchas horas detrás para lograr la fidelidad. ¿Errores? Sabemos que hubo alguno que otro que incluso intentamos evitar pero no dieron los tiempos. El cliente argentino es muy fierrero aunque también el más agresivo, en España están sorprendidos porque en ningún otro país recibieron el nivel de agresividad que se pueden leer en las redes”, admite.

Bien canalizada, esa pasión también puede convertirse en creatividad. Abundan blogs y grupos de Facebook en donde algunos hobbistas, verdaderos artesanos, muestran la customización de piezas.

Compran los vehículos, los desarman y despintan, cortan las carrocerías y suplementan con masilla epoxi antes de volver a pintar con bi-capa en tonos originales de las automotrices; cambian ruedas o la distancia entre ejes, fabrican parabrisas y faros o hacen piezas en impresoras 3D para agregar detalles. ¿El resultado? Miniaturas únicas, versiones que quizá nunca lleguen desde China, con una verosimilitud y calidad asombrosa.

También en Facebook se pueden ver (y encargar) dioramas artesanales, repisas de distinto tipo y calidad y kits de calcos para personalizar o modificar modelos existentes.

El boom tiene su correlato en cuentas de Twitter y blogs (sin fines de lucro) donde se cuentan las novedades semanales de las colecciones, y en eBay, donde suelen aparecer –misteriosamente– a la venta modelos de colecciones argentinas con muchas semanas de antelación a que lo anuncien las editoriales.

Lo que se vive en Argentina viene sucediendo hace años en el mundo en múltiples escalas y con series de todo tipo, algunas curiosas. ¿Cómo cuáles? “Les voitures de Tintín” (Francia) que reúne 50 vehículos del personaje de la historieta Tintín; “Passion R4” (Francia) una colección de 60 variantes del modelo de Renault; “Carabinieri” (Italia), 60 vehículos de la policía italiana; “Hollywood Cars” (Chile/Perú), 15 autos de la historia del cine en o los “Camiones Pegaso” (España), en 45 versiones.

Si las condiciones económicas lo permiten, el fenómeno debería seguir varios años con nuevas ediciones. Sin embargo, el país atraviesa un proceso de inestabilidad del que no escapa la industria editorial y sus “autitos”.

El coleccionista Agustín Leito con una de sus piezas más preciadas en sus manos.

Un “gasto hormiga”

Agustín Leiton es Técnico en Comercio Exterior, tiene 26 años y coleccionista desde los 14. Es fanático de los autos y no tiene inconvenientes en reconocer que destina $13.000 mensuales en su hobbie: “Siento que cada colección nueva que se lanza la tengo que tener sí o sí, sobre todo porque aparecieron de autos argentinos que jamás imaginé que iban a salir”.

Como si estuvieran cautivos de una obsesión que alguno psicológico vincularía con un TOC similar al del acumulador, muchos coleccionistas como él destinan tiempo y recursos a todo lo que llega a los kioscos.

“Actualmente estoy armando las maquetas de F-100, Fiat 600, Torino, Mercedes 300 SL, 3CV, Renault 12, Flecha de Plata, y coleccionando Inolvidables, Reparto y servicio, 80/90, colección VW y F1”, detalla. Pero, no sólo eso, además compra modelos por Mercado Libre o eBay que le llaman la atención: “En Francia, por ejemplo, hay una de Campers que es impresionante y como soy amante de MINI me compré uno de esa colección que acá no se consigue”.

Más de uno ha hecho la cuenta de lo que cuesta armar una maqueta 1:8 o completar una colección 1:43, y en muchos casos equivale a comprar un auto real. A Agustín varios se lo han dicho pero él no lo ve de esa forma porque considera que el suyo “es un gasto hormiga”.

¿Los precios locales son lógicos? En España las colecciones rondan los €15 que equivalen a $750, lo mismo que se paga en los kioscos argentinos y, desde su óptica, es un precio justo. “Hoy un auto 1:43 de una buena marca cuesta cerca de $3.000 mientras que los de las colecciones de acá están bastante bien logrados a $750, ésa me parece que es una de las claves del éxito; dentro de todo es un precio accesible y fue lo que lo volvió masivo al público que no era coleccionista”, opina.

¿Qué fue lo más loco que hizo? “Comprar por internet más de 20 autos antes de un viaje, hacer el envío al hotel y que al llegar me quisieran cobrar por cada paquete. ¡Casi me muero! Pero le regalé uno al conserje y zafé”.

Pasaron 40 años de aquellas visitas a Harrods pero aún conservo los autitos y las cajitas de cada uno, así como el recuerdo de esos momentos de felicidad que ya evidenciaban mi vínculo con el mundo del automóvil.

A Carlos, el diarero, le terminé comprando una miniatura que ahora descansa junto a otras frente a mi computadora, y que me hicieron compañía durante este nuevo viaje.

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